El recinto, a cargo de la Agrupación de Folclore Talca, mantiene actividades durante todo el año.
Una casona roja se extiende por la Alameda, entre 3 y 4 Poniente. En su interior, un pasillo ancho hace las veces de pista de baile. A ambos lados hay mesas y sillas; al fondo, un escenario con micrófonos, guitarras y amplificación. Es el Rancho Folclórico Carlos ‘Talo’ González, un espacio donde la cueca y las tradiciones chilenas tienen encuentro cada fin de semana.
Es una jornada más tranquila de lo habitual. “Si viene otro día se encuentra con el rancho lleno”, reconoce Alejandra Ortega, presidenta de la Agrupación de Folclore Talca, mientras junto a Edgardo Urra y otros colaboradores prepara una nueva peña para reunir recursos destinados al funcionamiento de la organización.
CUECA CADA FIN DE SEMANA
La agrupación administra el espacio bajo una estructura integrada por siete conjuntos folclóricos activos, además de integrantes independientes. Allí, habitualmente, se realizan peñas los fines de semana, con gastronomía típica y música en vivo para quienes quieren escucharla o salir a bailar. También se reciben conjuntos invitados y actividades solicitadas por organizaciones sociales, vecinos, clubes y empresas.
Las peñas tienen una adhesión de $5.000 y ofrecen empanadas, bebidas, navegado y otras preparaciones. Los propios integrantes se encargan de la atención, la alimentación y parte de la producción.
“Las peñas que hacemos están pensadas para toda la familia. Acá vienen adultos mayores, adultos, jóvenes y también niños”, explica Ortega.
La organización también abre sus puertas a actividades gratuitas durante el año. En agosto, por ejemplo, se conmemora el Día Internacional del Folclore con una jornada gastronómica, mientras que para la Virgen del Carmen se realiza una liturgia. Las peñas, en tanto, requieren semanas de preparación: compra de insumos, coordinación de conjuntos, organización del servicio y difusión.
CUNA DE CAMPEONES
Entre quienes conocen bien ese trabajo está Edgardo Urra. Lleva dos años como socio y generalmente trabaja por y para la agrupación junto a su hija Renata, de 17 años. La joven se prepara junto a su dupla, Ignacio Cruz, para dos competencias: el comunal escolar del 23 de septiembre y el campeonato nacional juvenil de cueca, que se realizará en Iquique entre el 3 y el 8 de noviembre.
“Para mí es un gusto poder representar a mi comuna, a mi liceo, porque es algo que yo disfruto mucho hacer, bailar cueca, es algo que ya es parte de mi vida”, cuenta Renata, quien estudia en el Liceo Abate Molina de Talca y trabaja como garzona durante las peñas.
Renata no es la única joven. Junto a ella, otros adolescentes asisten para disfrutar de la cultura chilena y, en la pista, se mezclan con adultos y adultos mayores con los mismos intereses. Tal es el caso de Gladys Salazar y Patricio Ponce, quienes llevan más de dos décadas asistiendo juntos. Él conserva parte de su vestimenta como un vínculo familiar: su pantalón perteneció a su abuelo.
“Yo aquí siempre normalmente vengo con mi amiga Gladys, que ya la conozco como unos 25 años”, relata Patricio, quien aprendió a bailar cueca por su cuenta y ahora incluso se prepara para competir.
PRESERVAR LAS TRADICIONES
La enseñanza también ocupa un lugar en este espacio. La agrupación ha desarrollado talleres de cueca para personas que quieren aprender desde cero y perder la vergüenza de salir a bailar. El último ciclo se extendió hasta septiembre y la intención es retomarlo en octubre.
La experiencia deja algo más que pasos aprendidos. Algunos participantes terminan formando sus propias parejas de baile y comienzan a ser asistentes habituales de las peñas.
Para Ortega, esa transmisión cultural debería comenzar mucho antes. “La cultura debiese estar inserta en todos los colegios y ser inculcada a los niños desde pequeños”, plantea.
UN EVENTO FAMILIAR
En las mesas, adultos mayores, jóvenes, familias y parejas comparten gustos artísticos y culinarios. También hay extranjeros que llegaron de invitados y ya son parte de la casa.
Max Leyton, investigador y profesor de Matemáticas de la Universidad de Talca, asiste desde hace más de diez años. En su mesa comparte con amigos provenientes de España, Venezuela, Italia y Estados Unidos.
“El ambiente que se genera en el rancho es muy agradable porque es familiar y permite una maravillosa mezcla generacional entre niñas, niños, jóvenes y gente adulta y eso creo que es importante rescatarlo y preservarlo”, destaca.
En el espacio central se encuentran parejas diversas: hombres con hombres, mujeres con mujeres, madres con sus hijos y familias completas. La edad tampoco es una frontera. El ambiente siempre permanece tranquilo, alegre y respetuoso.
Ortega sabe que todavía hay talquinos que desconocen qué ocurre detrás de la fachada roja. Por eso insiste en abrir las puertas y hacer circular la invitación. “Las puertas del rancho folclórico y de nuestra agrupación siempre están abiertas a la comunidad”, afirma. Y agrega que quienes llegan por primera vez suelen volver porque encuentran un lugar donde la cueca no aparece solo en septiembre, dado que “la chilenidad, acá, se vive durante todo el año”, subrayó.







