Mariana Fuentes lidera la reposición de árboles nativos en un sector que la ciudad busca convertir en un nuevo pulmón verde.
A Mariana Fuentes, directora de Planificación de Talca, no le costó nada subir el Cerro La Virgen. Cada fin de semana, junto a su pareja, recorre senderos tan empinados como el que tuvieron que enfrentar quienes llegaron, esta semana, a participar en la reforestación del Bosque Municipal. A las nueve de la mañana, la pendiente ya reunía a funcionarios municipales, voluntarios, ciclistas y estudiantes. Algunos avanzaban con facilidad; otros se detenían para recuperar el aire antes de continuar.
El recinto vive una nueva etapa luego de que el alcalde de Talca, Juan Carlos Díaz, encargara la urgencia de potenciarlo como área verde de la ciudad e incorporar a niñas y niños que son quienes podrán disfrutar de este espacio público reacondicionado. La intervención comenzó hace aproximadamente un año y comprende 15 hectáreas, con un proyecto que contempla 7.500 árboles.

RECUPERAR EL BOSQUE
Fuentes tomó un megáfono y, antes de iniciar el ascenso, entregó las instrucciones para la jornada. Esta vez serían 1.000 ejemplares los que volverían a la tierra. Se trata de árboles que habían sido plantados anteriormente, pero que no consiguieron enraizar.
“Hoy estamos replantando mil árboles de estos arbolitos que no enraizaron en su oportunidad, por lo cual estamos haciendo un trabajo con muchos voluntarios para volver a plantar 1.000 árboles en el mismo territorio”, explica Fuentes.
Cerca de 50 personas participaron de la actividad. A los equipos municipales de Secplan, Medioambiente, Dideco, Comunicaciones y Educación se sumaron integrantes del Club del Árbol, organizaciones de ciclistas y estudiantes de las escuelas El Edén y Felipe Cubillos.
Para Fuentes, el trabajo tiene un horizonte que excede la jornada. “Queremos recuperar este pulmón verde que tenemos al lado de la ciudad, incluso adentro de la ciudad, y que mucha gente no lo conoce”, plantea.
El crecimiento será lento. La propia directora se los explicó a los estudiantes antes de comenzar: probablemente quienes hoy plantan no alcanzarán a conocer el bosque adulto que resulte de este proceso. Serán otras generaciones las que encuentren los árboles convertidos en sombra, paisaje y refugio.

ÁRBOLES PARA EL MAULE
En los hoyos preparados en el terreno fueron apareciendo tres especies nativas: huingán, molle y corcolén. La selección forma parte del trabajo desarrollado por la FAO y CONAF dentro del proyecto Más Bosques, iniciativa que en el Maule contempla 3.800 hectáreas. A nivel nacional, la meta alcanza las 25.000 hectáreas de manejo sustentable.
El especialista de la FAO explica que las especies fueron escogidas por su capacidad de desenvolverse bajo las condiciones climáticas de la zona mediterránea.
“Son especies que provienen de la región, pero en condiciones bien adaptadas al cambio climático”, explica.
La intervención también tiene una dimensión educativa. Cada estudiante recibió al menos diez árboles para plantar. La idea era que cada uno identificara sus ejemplares, les pusiera un nombre y regresara posteriormente para observar qué había ocurrido con ellos.
EL EDÉN EN EL CERRO
Los alumnos de la Escuela El Edén no llegaron completamente ajenos a la tarea. El establecimiento ya cuenta con una brigada ecológica y trabaja con sus estudiantes en iniciativas vinculadas al cuidado de la naturaleza. El nombre del colegio, asociado al paraíso bíblico, adquirió ese día una imagen concreta: un grupo de escolares subiendo entre árboles y barro para plantar otros que algún día podrían cubrir el cerro.
Alan, de octavo básico, tomó una pala y se enfrentó por primera vez a una plantación. “Muy buena, increíble. Maravilloso el paisaje, muy bonito. Esta experiencia es como única”, cuenta.
En la Escuela Felipe Cubillos, la experiencia abrió una agenda nueva. El establecimiento ya mantiene un pequeño huerto con hierbas medicinales y sus estudiantes proyectan sumar acciones de reciclaje y reforestación.
Agustín Mora, también de octavo básico, terminó la jornada con tierra en las manos. “Es para un bien mayor. Los arbolitos nos brindan oxígeno y hacemos bien a la naturaleza”, dice.
La apuesta municipal forma parte de una política ambiental que incluye reciclaje domiciliario, puntos limpios, recuperación de residuos orgánicos, protección de humedales y nuevos parques. Fuentes sostiene que el objetivo es que la sostenibilidad también se construya desde la participación de los habitantes.
“Es muy importante porque le da pertenencia a este trabajo y eso es lo que queremos lograr”, señala.
La directora sabe que el resultado no será inmediato. El bosque que comenzaron a reponer esta semana necesitará años para adquirir otra dimensión. Por eso, antes de bajar del cerro, los estudiantes dejaron sus primeros árboles en la tierra y se llevaron una tarea sencilla: volver a buscarlos.







