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Lorenzo Varoli: El piloto maulino que enseñó a resolver

Nació en Constitución, recorrió el Maule a gran velocidad y desde que falleció parte de su legado lo resguarda el Instituto Abate Molina de la Universidad de Talca. Allí, el periodista Eduardo Bravo mantiene viva la historia de este hombre noble y apasionado por el automovilismo.

EL NOMBRE DE VAROLI

Para Bravo, el nombre de Lorenzo Varoli forma parte del paisaje cotidiano de Talca, aunque muchas personas no sepan mucho de su historia.

“La gente conoce el Terminal de Buses Lorenzo Varoli o pide bajarse en el cruce Varoli, incluso hay una escuela que lleva su nombre”, explica.

Sin embargo, advierte que esa presencia en el espacio urbano muchas veces se ha desligado de la figura histórica que la originó. “Es un nombre que está instalado en la identidad de la ciudad, pero lamentablemente esa identidad no está asociada a una figura”.

Varoli fue uno de los pilotos más destacados del país entre las décadas de 1930 y 1950. Comenzó a competir a fines de los años veinte y rápidamente se ganó reconocimiento porque “era capaz de detenerse en plena competencia para ayudar” a quien lo necesitase, según detalla Bravo.

Era elogiado por su trato, por su bonhomía, por su buen corazón”, expone Bravo quien agrega que su impacto deportivo fue tal que, en aquella época, el Diario La Mañana “lo destacó como el deportista número uno de Talca, distinción que incluso derivó en la entrega de las llaves de la ciudad”.

UN PILOTO EXCEPCIONAL

Entre sus hazañas más recordadas figura el Gran Premio Arica–Santiago de 1948, una carrera de más de dos mil kilómetros que ganó de principio a fin.

Según Bravo, los registros de la época muestran el nivel extraordinario de su desempeño. “Era una persona capaz de correr a 170 kilómetros por hora”, señala. En uno de esos reportes, uno de los medios de comunicación consignó que el tramo entre Valparaíso y La Calera -81 kilómetros- lo recorrió en apenas 25 minutos.

A esa velocidad se sumaba otra cualidad decisiva: su capacidad para resolver problemas técnicos durante la competencia. “Era capaz de arreglar su auto y seguir en carrera”, explica el investigador.

UN HOMBRE QUE RESUELVE

Para Bravo, la importancia de Varoli no se limita a sus logros en la pista. Su figura también constituye un referente simbólico para la ciudad.

“Las identidades son un juego de espejo”, plantea. “La comunidad siempre busca reflejarse en algún suceso histórico o en el comportamiento de algún personaje”, dice.

Durante buena parte del siglo XX, Varoli cumplió ese rol para Talca. Representaba perseverancia, habilidad técnica y determinación en un contexto donde las carreras se disputaban en caminos de tierra y sin la tecnología actual. Para Varoli no había dificultad ni problema que no fuese capaz de resolver.

Sin embargo, pese a esa buena fama, el investigador cree que esa dimensión cultural se ha ido debilitando con el tiempo, pues, pese a que gran parte de la ciudadanía sabe que su tumba está en el cementerio de Talca, “su recuerdo queda reducido -muchas veces- al nombre de un terminal de buses o de un paradero”, comenta.

VAROLI SIGUE PRESENTE

Aun así, su nombre permanece presente en distintos espacios de la ciudad y además, parte importante de su legado también se conserva en la Biblioteca Municipal, donde se resguardan fotografías y trofeos del piloto. A ello se suma el libro ‘Lorenzo Varoli Gherardi: Una historia para no olvidar’, que reúne imágenes y documentos de su trayectoria.

El archivo existente recoge “proezas que significaron recorrer enormes distancias y competir en condiciones muy exigentes”, explica Bravo al referirse a las carreras internacionales en las que participó el piloto maulino.

UNA HISTORIA RECUPERABLE

Para el investigador, una forma de fortalecer el nexo de la ciudad con el piloto, sería darle mayor presencia en el espacio público.

Propone, por ejemplo, instalar “un Lorenzo de 1,90 metros de altura junto a su auto”, hechos a escala real y a modo de monumento para revalorizar la historia de este conductor que marcó al territorio, pero cuya magnitud del legado que dejó, al parecer, aún no logra dimensionarse por completo.

VALORES QUE PERMANECEN

Bravo también destaca que la historia de Varoli transmite valores que siguen siendo relevantes.

“Era una persona capaz de resolver problemas mecánicos y que confiaba en su preparación”, afirma Bravo quien destaca que -a diferencia de los tiempos actuales en los que se recurre mucho a la tecnología, Varoli era de los que hacía uso de su inteligencia e ingenio.

Además, como competidor siempre buscó el justo reconocimiento de quienes lo ayudaban. “Lorenzo decía que los elogios se los lleva siempre el corredor y que eso es injusto. El copiloto es el verdadero gestor de la victoria”, recuerda que decía según consta en distintos documentos.

UN LEGADO DE PERSEVERANCIA

Si tuviera que resumir su figura en una frase, Bravo destaca el rasgo que, a su juicio, define mejor al piloto maulino.

La historia cuenta que “Lorenzo Varoli siempre supo estar por encima de las circunstancias y compartir los logros”, detalla. Un carácter que, más allá de la velocidad o de los trofeos, terminó convirtiéndolo en uno de los deportistas más recordados de la historia de Talca.

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