Close

Helados «El Chilenito»: Tradición hecha en Talca

La empresa familiar se ha hecho popular por su unidad y el deseo de mantener vigente una receta típicamente maulina: una paleta que une la vainilla caramelizada con el chocolate.

Peggy Venegas Cantuarias es parte de la tercera generación de la familia detrás de Helados El Chilenito. El negocio que nació en la década de los años ‘60 con sus abuelos -Pedro Cantuarias y Lucía Hernández- continúa ahora en manos de hijas, nietas y sobrinos. La administración la lidera su tía Delia Cantuarias.

“Ella lleva trabajando aquí desde que tiene 15 años, es la cabecilla”, reconoce Peggy, con algo de admiración ante un trabajo abnegado que ha permitido que la tradición sea preservada incluso después del fallecimiento de los fundadores de la compañía. “Hemos tratado de seguir porque lo bueno de todo es que hemos sido unidas, porque somos mujeres”, puntualiza Delia.

UN APODO FAMILIAR

El nombre “El Chilenito” no surgió como parte de un proceso de naming ni como una estrategia comercial, sino que como un homenaje a un cuñado del patriarca de la familia. “Era el apodo de un tío de nosotros que se llamaba Enrique. Entonces mi papi dijo: ‘ah, le vamos a poner al local así’”, detalla Peggy, quien añade que el éxito de los helados fue tal que la producción se dedicó -con el paso del tiempo- únicamente a eso.

COMENZARON EN LA ALAMEDA

Algo que quizás pocas personas saben es que la fábrica y tienda minorista -que tienen cerca del Terminal de Buses de Talca- no fue su punto de partida. Frente a la cárcel, en el Kiosko Alameda -ahora administrado por otro operador- funcionaba su primer punto de ventas.

“El primer año no nos fue muy bien, cobrábamos súper barato: entre 30 y 25 pesos, por helado”, detalla Delia, quien afirma que empezaron a realizar allí una receta muy popular entre varios productores locales: el helado de vainilla caramelizada y leche con chocolate, ahora comercializado como ‘Súper Chilenito’. “Lo hicimos a la manera de nosotros, el sabor y todo”, afirma Peggy

NUEVOS ESTÁNDARES DE CALIDAD

La fabricación, explican, comienza -cada año- en agosto, con la compra de ingredientes que incluyen una marca específica de leche y también insumos -como los envoltorios- que se han adaptado a las nuevas exigencias que han establecido las autoridades sanitarias, esto, para garantizar la alta calidad que debe tener cada producto, aun cuando aquello implique que -por ejemplo- ya no se pueda utilizar papel mantequilla. La idea, explican, es garantizar inocuidad y facilitar la entrega de información nutricional que hoy exige la ley de sellos para alimentos.

Un labor de producción que incluye batidos, moldaje, sellado y empaque. “Como es un producto netamente artesanal, es un proceso largo”, reconoce Peggy, quien agrega que no almacenan helados por largos períodos, ya que “tratamos siempre de trabajar con un helado producido hace, máximo, una semana”.

La temporada laboral iniciada en agosto se extiende hasta abril y ocupa el tiempo de verano que la mayoría de las personas destina a vacaciones, lo que ha generado incluso curiosas especulaciones entre quienes ven cerradas sus intslaciones en invierno. Eso, según Peggy, es porque “nosotros no guardamos helado, por eso en mayo, junio y julio descansamos”.

TODOS APORTAN

La familia es numerosa y quienes dedican su vida a la producción heladera son más de 15 personas, entre quienes destacan: Delia Cantuarias, Peggy Venegas, Marlene Cantuarias, Susan Cantuarias, Carolyn Acuña, Lucia Acuña, Camilo Beltrán, Sofía Beltrán, Pedro Venegas, Juan Ricardo Venegas, Manuel Alarcón y Rolando Cantuarias.

UN LEGADO CON MÁS DE 20 SABORES

Además del Súper Chilenito, en esta empresa se elaboran más de 20 sabores, helados de agua, chupetes de fruta y batidos de 10 litros para celebraciones.

La familia reconoce que mantenerse vigentes no ha sido fácil frente a marcas que cuentan con grandes campañas publicitarias y estrategias comerciales, que les permiten tener mayor presencia en grandes supermercados, sin embargo es el apoyo de la gente el que ha obligado a que muchos deban tenerlos como parte de su stock habitual.

“Estamos muy agradecidos por las muestras de cariño hacia mi abuelo”, argumenta Peggy, quien señala que “estar vigentes con el paso del tiempo es un agradecimiento total para esas personas que nos vienen a comprar” y que saben del esfuerzo de estos talquinos que ponen en cada paleta todo su cariño.

Comparte en tus redes
WhatsApp
Twitter